Escucho
el impacto de un puño
en un árbol.
Se escuchan flechas
en una cueva al lado del río.
El eco
claro y desértico
inventa un reflejo paralizado
que viene triste
entre cansados animales y plantas.
miércoles, 23 de mayo de 2018
miércoles, 16 de mayo de 2018
Lolita - Nabokov
Vladímir Nabókov, cuyo nombre completo en ruso era Vladímir Vladímirovich Nabókov, nació en San Petersburgo el 22 de abril de 1899 y falleció en Montreux, Suiza, 2 de julio de 1977, a la edad de 78 años. Fue un escritor de origen ruso, nacionalizado estadounidense.
Escribió sus primeras obras literarias en ruso, pero se hizo internacionalmente famoso como un maestro de la novela con sus obras escritas en inglés.
Nabokov es famoso por sus argumentos complejos, sus inteligentes juegos de palabras y su uso de la aliteración. Obtuvo fama y notoriedad con su novela Lolita (1955).
En la historia, Humbert es un profesor de literatura francesa y tiene una obsesión sexual con muchachas pubescentes. Abandona Europa y se desplaza a los Estados Unidos, allí alquila una habitación, en la casa de Charlotte Haze.
Humbert sólo acepta la oferta después de ver a Dolores, la hija de Charlotte,que tiene doce años.La muchacha está tomando el sol en el jardín cuando el hombre llega a la casa y la ve. Humbert se enamora secretamente de Dolores y la llama, de manera cariñosa, ''Lolita''.
Charlotte es una viuda solitaria y se convierte inconscientemente en el enlace de Humbert con su hija. Lolita coquetea mucho con Humbert, quien disfruta con el coqueteo y lo perpetúa y en poco tiempo, Humbert se casa con Charlotte aunque no la ama y sólo para mantener a Lolita en su vida.
En esta novela se refleja perfectamente el discurso de un pederasta, que por lo visto, no ha cambiado desde 1955 y sigue usando los mismos argumentos. Se escudan en que las niñas les provocan o les buscan y que claro, pobrecitos ellos no se pueden resistir. Se observa una clara sexualización de las niñas y su cuerpo desde pequeñas, de modo que los hombres las ven como objetos sexuales perfectamente validas para establecer relaciones sexuales, románticas y afectivas iguales a las que establecerían con una mujer adulta.
Y todo esto, entonces y a día de hoy, está amparado por nuestra sociedad. Una sociedad machista que sigue viendo a las mujeres como seres cuyo único cometido en la vida es satisfacerlos sexualmente, independientemente de la edad que tenga la niña o la mujer.
En cuanto al argumento de que son ellas quienes provocan, tratándose de una niña, deberíamos considerara eso una afirmación totalmente falsa. En la infancia, no se tiene consciencia de qué es la sexualidad, y por tanto es imposible que una niña busque ningún tipo de acto relacionado con la sexualidad ya que no sabe qué es esto. Es decir, que culpan a las niñas de buscar algo que ni siquiera saben que existe.
Nabokov es famoso por sus argumentos complejos, sus inteligentes juegos de palabras y su uso de la aliteración. Obtuvo fama y notoriedad con su novela Lolita (1955).
En la historia, Humbert es un profesor de literatura francesa y tiene una obsesión sexual con muchachas pubescentes. Abandona Europa y se desplaza a los Estados Unidos, allí alquila una habitación, en la casa de Charlotte Haze.
Humbert sólo acepta la oferta después de ver a Dolores, la hija de Charlotte,que tiene doce años.La muchacha está tomando el sol en el jardín cuando el hombre llega a la casa y la ve. Humbert se enamora secretamente de Dolores y la llama, de manera cariñosa, ''Lolita''.
Charlotte es una viuda solitaria y se convierte inconscientemente en el enlace de Humbert con su hija. Lolita coquetea mucho con Humbert, quien disfruta con el coqueteo y lo perpetúa y en poco tiempo, Humbert se casa con Charlotte aunque no la ama y sólo para mantener a Lolita en su vida.
En esta novela se refleja perfectamente el discurso de un pederasta, que por lo visto, no ha cambiado desde 1955 y sigue usando los mismos argumentos. Se escudan en que las niñas les provocan o les buscan y que claro, pobrecitos ellos no se pueden resistir. Se observa una clara sexualización de las niñas y su cuerpo desde pequeñas, de modo que los hombres las ven como objetos sexuales perfectamente validas para establecer relaciones sexuales, románticas y afectivas iguales a las que establecerían con una mujer adulta.
Y todo esto, entonces y a día de hoy, está amparado por nuestra sociedad. Una sociedad machista que sigue viendo a las mujeres como seres cuyo único cometido en la vida es satisfacerlos sexualmente, independientemente de la edad que tenga la niña o la mujer.
En cuanto al argumento de que son ellas quienes provocan, tratándose de una niña, deberíamos considerara eso una afirmación totalmente falsa. En la infancia, no se tiene consciencia de qué es la sexualidad, y por tanto es imposible que una niña busque ningún tipo de acto relacionado con la sexualidad ya que no sabe qué es esto. Es decir, que culpan a las niñas de buscar algo que ni siquiera saben que existe.
jueves, 3 de mayo de 2018
La metamorfosis - Franz Kafka
Cuando me desperté, noté mi cara húmeda. Una gotera sobre mi cabeza dejaba caer una gota cada pocos segundos.
Me levanté, me sequé la cara y salí de aquel destartalado cobertizo en el que me había resguardado la noche anterior. Tras escapar del hospicio donde me tenían retenida, corrí lo más rápido lo más rápido que pude hasta que conseguí alejarme del centro de la ciudad. Llegué a las afueras y comencé a deambular por las calles en busca de un buen sitio para refugiarme. Tuve la sensación de estar siendo vigilada, de que me seguían y de que detrás de cada esquina me esperaba alguien para volver a llevarme al lugar de donde procedía. Pronto comenzó a llover y tuve que meterme en el cobertizo donde me desperté, a pesar de no ser demasiado acogedor y que no me diese demasiada seguridad.
Ahora volvía a dar tumbos por las calles, pero ahora todo aquello que por la noche era oscuro y tenebroso me parecía más amable e inofensivo. A pesar de lo poco que pude avanzar el día anterior a causa de la lluvia, y a juzgar por el aspecto de las calles, que eran mucho menos bulliciosas y mas agradables que las calles que solía recorrer antes; estaba bastante lejos de mi lugar de procedencia. Aunque debía irme aún más lejos. Me miré los bolsillos, en busca de alguna moneda que me sirviese para ir a algún sitio de forma legal, pero no iba a ser posible.

Alcé la vista al cielo, y vi una columna de humo, que indicaba que no muy lejos de donde yo me hallaba, había un tren y seguramente, una estación. Seguí la columna de humo hasta que encontré la estación. Me adentré en ella, y busqué la manera de subir al tren sin levantar sospechas y sin ser vista. Salí de la estación y me dirigí hacia las vías, las crucé y esperé a que llegase un tren. Cuando llegó, busqué el lugar adecuado para poder subir, y corrí al lado del vehículo hasta que pude aferrarme al tren y subirme, dejando atrás todo aquello que conocía y me ataba.
Me levanté, me sequé la cara y salí de aquel destartalado cobertizo en el que me había resguardado la noche anterior. Tras escapar del hospicio donde me tenían retenida, corrí lo más rápido lo más rápido que pude hasta que conseguí alejarme del centro de la ciudad. Llegué a las afueras y comencé a deambular por las calles en busca de un buen sitio para refugiarme. Tuve la sensación de estar siendo vigilada, de que me seguían y de que detrás de cada esquina me esperaba alguien para volver a llevarme al lugar de donde procedía. Pronto comenzó a llover y tuve que meterme en el cobertizo donde me desperté, a pesar de no ser demasiado acogedor y que no me diese demasiada seguridad.
Ahora volvía a dar tumbos por las calles, pero ahora todo aquello que por la noche era oscuro y tenebroso me parecía más amable e inofensivo. A pesar de lo poco que pude avanzar el día anterior a causa de la lluvia, y a juzgar por el aspecto de las calles, que eran mucho menos bulliciosas y mas agradables que las calles que solía recorrer antes; estaba bastante lejos de mi lugar de procedencia. Aunque debía irme aún más lejos. Me miré los bolsillos, en busca de alguna moneda que me sirviese para ir a algún sitio de forma legal, pero no iba a ser posible.

Alcé la vista al cielo, y vi una columna de humo, que indicaba que no muy lejos de donde yo me hallaba, había un tren y seguramente, una estación. Seguí la columna de humo hasta que encontré la estación. Me adentré en ella, y busqué la manera de subir al tren sin levantar sospechas y sin ser vista. Salí de la estación y me dirigí hacia las vías, las crucé y esperé a que llegase un tren. Cuando llegó, busqué el lugar adecuado para poder subir, y corrí al lado del vehículo hasta que pude aferrarme al tren y subirme, dejando atrás todo aquello que conocía y me ataba.
Abajo las armas- Bertha Von Sutner
¿Por qué hay guerras? ¿Qué lleva al ser humano a cometer una atrocidad tal como es matarse entre iguales?
Los conflictos son inevitables, los tenemos todos desde que empezamos a relacionarnos con gente. Pero no todos los conflictos originan guerras.
Las guerras se originan cuando en un conflicto ninguno de los bandos cede y no se intenta buscar una solución que pueda beneficiar a ambos, si no que se pretende imponer al otro tu solución o tus intereses. Como por medio del diálogo no es posible llegar a un acuerdo, pues se intenta hacerlo por la fuerza y se intenta someter al otro. Esto, genera violencia, y por tanto, una guerra.
También es posible que no se produzca un desacuerdo, si no que simplemente uno de los bandos quiere someter al otro por algún motivo, generalmente intereses políticos o económicos, y utilizan la violencia para someterle.
¿Tiene esto solución? Bien, a día de hoy, sabiendo cómo actúan los gobiernos y los dirigentes de los países, no creo que las guerras vaya a acabar. Todavía se sigue mirando solo por los intereses individuales de cada país, y eso quiere decir que no se buscan acuerdos o pactos que busque soluciones diplomáticas ante los conflictos que puedan producirse. Los gobiernos siguen recurriendo a la vía bélica para resolver los problemas y así es imposible erradicar las guerras.
Además, las guerras afectan principalmente a los ciudadanos de a pie, es decir, aquellos quienes inician las guerras no son quienes sufren los efectos de estas, y por tanto, les da igual que se produzcan.
Las guerras se originan cuando en un conflicto ninguno de los bandos cede y no se intenta buscar una solución que pueda beneficiar a ambos, si no que se pretende imponer al otro tu solución o tus intereses. Como por medio del diálogo no es posible llegar a un acuerdo, pues se intenta hacerlo por la fuerza y se intenta someter al otro. Esto, genera violencia, y por tanto, una guerra.
También es posible que no se produzca un desacuerdo, si no que simplemente uno de los bandos quiere someter al otro por algún motivo, generalmente intereses políticos o económicos, y utilizan la violencia para someterle.
¿Tiene esto solución? Bien, a día de hoy, sabiendo cómo actúan los gobiernos y los dirigentes de los países, no creo que las guerras vaya a acabar. Todavía se sigue mirando solo por los intereses individuales de cada país, y eso quiere decir que no se buscan acuerdos o pactos que busque soluciones diplomáticas ante los conflictos que puedan producirse. Los gobiernos siguen recurriendo a la vía bélica para resolver los problemas y así es imposible erradicar las guerras.
Además, las guerras afectan principalmente a los ciudadanos de a pie, es decir, aquellos quienes inician las guerras no son quienes sufren los efectos de estas, y por tanto, les da igual que se produzcan.
Oliver Twist - Charles Dickens
Oliver Twist; o The Parish Boy's Progress es la segunda novela del autor inglés Charles Dickens.
Charles John Huffam Dickens fue un escritor y novelista inglés, uno de los más aclamados dentro de la literatura universal. Escribió principalmente narrativa, la cual adornaba con ciertas dosis de humor e ironía, practicando a la vez una aguda crítica social. Las descripciones de personas y lugares, tanto reales como imaginarios son destacables y caracterizan sus obras.
La obra se publicó como novela por entregas de aparición mensual en la revista Bentley's Miscellany, dirigida por el propio Dickens, entre febrero de 1837 y abril de 1839.
Es la primera novela en lengua inglesa que tiene a un niño como protagonista. Oliver Twist es una de las primeras novelas sociales de la historia de la literatura, pues llama la atención a sus lectores sobre varios males sociales de la época, tales como el trabajo infantil o la utilización de niños para cometer delitos. Dickens se burla de la hipocresía de su época tratando estos temas tan serios con sarcasmo y humor negro.

En el texto leído en clase, Oliver Twist nace y queda huérfano y pobre tras la muerte de su madre instantes después del parto.
El tema principal de la obra podría ser la orfandad y la pobreza infantil en el siglo XIX en Inglaterra.
Es una obra que lleva a reflexionar sobre estos temas. La situación en la que se encuentra Oliver, huérfano, pobre y sin ningún tipo de amparo, lleva a pensar hasta qué punto se podrían evitar este tipo de situaciones. Hasta qué punto la sociedad podría usar los medios de los que dispone para que ningún niño tuviese que vivir solo en la calle, bajo el umbral de la pobreza.
Desde mi punto de vista, la sociedad debería encargarse de estos niños mediante la creación de hogares para niños huérfanos que estuviesen financiados por el gobierno del país o buscando hogares para estos niños, es decir, buscar una familia que les acogiese o les adoptase, y de este modo, no tuviese que vivir en la calle.
Por suerte, en la mayoría de los países desarrollados de nuestro planeta ya existen este tipo de organismos que se encargan de sacar a los niños de la calle, sin embargo, aún hay mchos países que no tienen este tipo de instituciones. Suelen ser países en los que la mayoría de los habitantes están también cerca del umbral de pobreza, y por tanto, aunque existiesen no habría apensa opciones para que estos niños fuesen acogidos por una familia. A pesar de estas condiciones, creo que se deberían crear organizaciones aunque solo fuese para acoger a los niños y que tuviesen un lugar donde vivir y estar a salvo.
La obra se publicó como novela por entregas de aparición mensual en la revista Bentley's Miscellany, dirigida por el propio Dickens, entre febrero de 1837 y abril de 1839.
Es la primera novela en lengua inglesa que tiene a un niño como protagonista. Oliver Twist es una de las primeras novelas sociales de la historia de la literatura, pues llama la atención a sus lectores sobre varios males sociales de la época, tales como el trabajo infantil o la utilización de niños para cometer delitos. Dickens se burla de la hipocresía de su época tratando estos temas tan serios con sarcasmo y humor negro.
En el texto leído en clase, Oliver Twist nace y queda huérfano y pobre tras la muerte de su madre instantes después del parto.
El tema principal de la obra podría ser la orfandad y la pobreza infantil en el siglo XIX en Inglaterra.
Es una obra que lleva a reflexionar sobre estos temas. La situación en la que se encuentra Oliver, huérfano, pobre y sin ningún tipo de amparo, lleva a pensar hasta qué punto se podrían evitar este tipo de situaciones. Hasta qué punto la sociedad podría usar los medios de los que dispone para que ningún niño tuviese que vivir solo en la calle, bajo el umbral de la pobreza.
Desde mi punto de vista, la sociedad debería encargarse de estos niños mediante la creación de hogares para niños huérfanos que estuviesen financiados por el gobierno del país o buscando hogares para estos niños, es decir, buscar una familia que les acogiese o les adoptase, y de este modo, no tuviese que vivir en la calle.
Por suerte, en la mayoría de los países desarrollados de nuestro planeta ya existen este tipo de organismos que se encargan de sacar a los niños de la calle, sin embargo, aún hay mchos países que no tienen este tipo de instituciones. Suelen ser países en los que la mayoría de los habitantes están también cerca del umbral de pobreza, y por tanto, aunque existiesen no habría apensa opciones para que estos niños fuesen acogidos por una familia. A pesar de estas condiciones, creo que se deberían crear organizaciones aunque solo fuese para acoger a los niños y que tuviesen un lugar donde vivir y estar a salvo.
sábado, 14 de abril de 2018
Ana Karenina - León Tolstói
''Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo'' - León Tolstói
Creo que esta cita define perfectamente a la mayoría de las personas que no paran de quejarse y sin embargo no hacen nada por cambiar. No puedes cambiar a los demás si no cambias tú primero. Si quieres un cambio, tienes que predicar con el ejemplo y empezar por ti mismo.
Además, esto va muy unido al típico ''ves la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio'', es decir, ves lo que otros hacen mal y tienen que cambiar pero no ves nunca lo que tú haces mal y tienes que cambiar.
Al final, esto es lo que provoca que todo siga igual y nada mejore.
Y lo vemos cada día, por ejemplo, cuando los políticos se acusan unos a otro de ladrones. Ellos son los primeros que roban, y sin embargo lo que hacen es echárselo en cara a otro para que cambie sin pararse a pensar en ellos mismos y cambiar ellos primero.
Esta cita, pertenece a León Tolstói, hijo del noble propietario y de la acaudalada princesa María Volkonski. Es uno de los autores más importantes de la literatura universal. En sus obras intentó reflejar fielmente la sociedad en la que vivía, ya que estaba adscrito a la corriente realista. A pesar de ello, en sus últimos años tras varias crisis espirituales se convirtió en una persona profundamente religiosa y altruista, rechazó toda su obra literaria anterior y criticó a las instituciones eclesiásticas en Resurrección, lo que provocó su excomunión. Además, Tolstói se definía como naturista y era vegetariano. Más adelante, Tolstói dio origen al denominado Movimiento tolstoyano.
Tenía ideales que o eran habituales entre las personas de su época, los cuales expresaba en sus novelas y en sus ensayos.
En el artículo de ''La importancia de llamarse Karenina'', se muestra, haciendo una muy interesante reflexión sobre la obra y el personaje de Tolstói, que el machismo está arraigado en nuestra sociedad incluso en el nombre de las personas.
Las mujeres, adoptan el apellido de sus padres y sus maridos como muestras de la relación que se establece entre ellos. Mientras son responsabilidad y ''propiedad'' del padre, es decir, están solteras y viven con su familia, las mujeres llevan el apellido que se les encomendó al nacer, el de su padre. sin embargo, cuando se casan, dejan de ser propiedad de su padre para pasar a ser de su marido, y de este modo, adoptan el apellido de este. Es decir, podríamos identificar el apellido de las mujeres como una marca o una etiqueta que indica a quien pertenece la susodicha.
Ana Karenina, sabe lo que significa en realidad llevar el apellido de su marido. Sabe que no hay manera de evitar ser propiedad de alguien mientras lleves un apellido. Debido a esa etiqueta obligatoria siente que en ningún momento podrá ser libre y no pertenecer a nadie. Por culpa de esa etiqueta, ella acabará quitándose la vida. Sola y únicamente por el lastre que supone para ella algo tan fundamental y básico como su nombre. Un nombre que la condena.
Creo que esta cita define perfectamente a la mayoría de las personas que no paran de quejarse y sin embargo no hacen nada por cambiar. No puedes cambiar a los demás si no cambias tú primero. Si quieres un cambio, tienes que predicar con el ejemplo y empezar por ti mismo.
Además, esto va muy unido al típico ''ves la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio'', es decir, ves lo que otros hacen mal y tienen que cambiar pero no ves nunca lo que tú haces mal y tienes que cambiar.
Al final, esto es lo que provoca que todo siga igual y nada mejore.
Y lo vemos cada día, por ejemplo, cuando los políticos se acusan unos a otro de ladrones. Ellos son los primeros que roban, y sin embargo lo que hacen es echárselo en cara a otro para que cambie sin pararse a pensar en ellos mismos y cambiar ellos primero.
Esta cita, pertenece a León Tolstói, hijo del noble propietario y de la acaudalada princesa María Volkonski. Es uno de los autores más importantes de la literatura universal. En sus obras intentó reflejar fielmente la sociedad en la que vivía, ya que estaba adscrito a la corriente realista. A pesar de ello, en sus últimos años tras varias crisis espirituales se convirtió en una persona profundamente religiosa y altruista, rechazó toda su obra literaria anterior y criticó a las instituciones eclesiásticas en Resurrección, lo que provocó su excomunión. Además, Tolstói se definía como naturista y era vegetariano. Más adelante, Tolstói dio origen al denominado Movimiento tolstoyano.
Tenía ideales que o eran habituales entre las personas de su época, los cuales expresaba en sus novelas y en sus ensayos.
En el artículo de ''La importancia de llamarse Karenina'', se muestra, haciendo una muy interesante reflexión sobre la obra y el personaje de Tolstói, que el machismo está arraigado en nuestra sociedad incluso en el nombre de las personas.
Las mujeres, adoptan el apellido de sus padres y sus maridos como muestras de la relación que se establece entre ellos. Mientras son responsabilidad y ''propiedad'' del padre, es decir, están solteras y viven con su familia, las mujeres llevan el apellido que se les encomendó al nacer, el de su padre. sin embargo, cuando se casan, dejan de ser propiedad de su padre para pasar a ser de su marido, y de este modo, adoptan el apellido de este. Es decir, podríamos identificar el apellido de las mujeres como una marca o una etiqueta que indica a quien pertenece la susodicha.
Ana Karenina, sabe lo que significa en realidad llevar el apellido de su marido. Sabe que no hay manera de evitar ser propiedad de alguien mientras lleves un apellido. Debido a esa etiqueta obligatoria siente que en ningún momento podrá ser libre y no pertenecer a nadie. Por culpa de esa etiqueta, ella acabará quitándose la vida. Sola y únicamente por el lastre que supone para ella algo tan fundamental y básico como su nombre. Un nombre que la condena.
miércoles, 11 de abril de 2018
Frankenstein - Mary Shelley
Entré en clase inseguro, con ganas de salir corriendo y muy nervioso. A pesar de ello crucé el umbral de la puerta y me dirigí a mi sitio. Noté la mirada de 30 personas posadas en mí, se me clavaban como cuchillos. Quemaban. Empezaron los comentarios y las risas ahogadas. El profesor, me observaba incredulo. Abrió la veda.
-Señorita, ¿se puede saber qué hace?
Clavé mi vista en mis manos. Hice como si no fuese conmigo.
-Señorita, míreme.
Al ver que seguía sin darme por aludido, se tomó la libertad de venir hasta donde estaba sentado y levantarme el mismo la cabeza.
-¿Qué se cree que está haciendo?
Le mire con los ojos llenos de rabia e intenté bajar la cabeza, pero no me dejó.
-Señorita, en este centro hay normas que deben respetarse, y una de ellas que el uniforme de las niñas es una falda, la cual no lleva. ¿Y se puede saber que se ha hecho en el pelo? No creo que su padre esté conforme con nada de esto, así no tendré más remedio que llamarlo. Acompáñeme a dirección.
No respondí ni me levanté, el mismo se encargó de agarrarme del pelo y llevarme a dirección.
Mientras esperaba sentado en una silla delante de la puerta del despacho del director, me fue invadiendo una sensación de culpabilidad y tristeza. Si no me sintiese así, todo sería mucho más fácil. Si fuese una niña o un niño normal, si no hubiese nacido en el cuerpo equivocado, o con la mente errónea. Si fuese capaz de ponerme una falda sin sentirme disfrazado.
Quizá la culpa es mía, quizá debería aceptar lo que soy, una niña. Quizá debería irme a casa y volver a ponerme una falda, dejarme crecer el pelo de nuevo y volver a referirme a mí mismo con mi nombre. Quizá debería dejar de ser Lucas y volver a ser Cris.
Un ruido me sacó de mis pensamientos y antes de poder identificar de dónde había venido el estruendo noté cómo una mano impactaba contra mi mejilla tirándome de la silla. Miré hacia arriba desde el suelo y vi a mi padre. Me cogió del brazo y me volvió a levantar.
-¿Ya estás otra vez con la tontería? Cristina, deja de hacer el imbécil y empieza a comportarte como una señorita. Ya no tienes cinco años.
-No puedo, no quiero.
-¿Qué dices?
-No puedo comportarme como una señorita porque no lo soy.
Mi padre volvió a pegarme y acto seguido me arrastró hasta su coche, abrió la puerta y me empujó dentro.
No iba a volver a ser Cris. No soy Cris. Soy Lucas. Y nadie va a impedirlo.
Cuando llegamos a casa, bajé del coche y empecé a caminar hacia la puerta.
-Quiero que subas y te cambies inmediatamente ese pantalón por la falda del colegio. ¿Me oyes?
No me giré. Seguí caminando y cerré de un golpe tras de mí.
Subí a mi habitación, me cambié el uniforme por un chándal y me tiré en mi cama.
Al cabo de un rato, mi padre apareció por la puerta con unas tijeras en la mano.
-¿Qué te he dicho que hicieras?
Me levanté asustado y me quedé de pie, justo delante de él. Inmóvil.
El me apartó, dejando las tijeras encima de la cómoda y empezó a buscar los pantalones de la discordia. Cuando los encontró, los cogió y alargó la mano hacia las tijeras. Iba a destrozarlos. Instintivamente cogí las tijeras para intentar evitar que pudiese hacerse con ellas.
-Cristina, dame las tijeras.
-No.
-Cristina, es una orden, no una sugerencia.
-No te las voy a dar.
-Sí me las vas a dar.
Se echó encima de mí para intentar quitare las tijeras de las manos, pero antes de que fuese capaz de hacerlo, se las clavé en el estómago.
Fue un reflejo, un movimiento involuntario para defenderme, pero lo hice.
Observe cómo caía de rodillas mientras se llevaba las manos a la herida. La sangre salía a borbotones tiñendo de rojo toda su camisa y el suelo. Clavé mi mirada en sus ojos, en ellos solo encontré rabia e ira. No había tristeza, no había decepción, no había arrepentimiento.
Pero en los míos estoy seguro, que tampoco había nada de eso. Estoy seguro, de que solo había alivio, porque eso era lo único que invadía mi pecho en ese momento.
-Señorita, ¿se puede saber qué hace?
Clavé mi vista en mis manos. Hice como si no fuese conmigo.
-Señorita, míreme.
Al ver que seguía sin darme por aludido, se tomó la libertad de venir hasta donde estaba sentado y levantarme el mismo la cabeza.
-¿Qué se cree que está haciendo?
Le mire con los ojos llenos de rabia e intenté bajar la cabeza, pero no me dejó.
-Señorita, en este centro hay normas que deben respetarse, y una de ellas que el uniforme de las niñas es una falda, la cual no lleva. ¿Y se puede saber que se ha hecho en el pelo? No creo que su padre esté conforme con nada de esto, así no tendré más remedio que llamarlo. Acompáñeme a dirección.
No respondí ni me levanté, el mismo se encargó de agarrarme del pelo y llevarme a dirección.
Mientras esperaba sentado en una silla delante de la puerta del despacho del director, me fue invadiendo una sensación de culpabilidad y tristeza. Si no me sintiese así, todo sería mucho más fácil. Si fuese una niña o un niño normal, si no hubiese nacido en el cuerpo equivocado, o con la mente errónea. Si fuese capaz de ponerme una falda sin sentirme disfrazado.
Quizá la culpa es mía, quizá debería aceptar lo que soy, una niña. Quizá debería irme a casa y volver a ponerme una falda, dejarme crecer el pelo de nuevo y volver a referirme a mí mismo con mi nombre. Quizá debería dejar de ser Lucas y volver a ser Cris.
Un ruido me sacó de mis pensamientos y antes de poder identificar de dónde había venido el estruendo noté cómo una mano impactaba contra mi mejilla tirándome de la silla. Miré hacia arriba desde el suelo y vi a mi padre. Me cogió del brazo y me volvió a levantar.
-¿Ya estás otra vez con la tontería? Cristina, deja de hacer el imbécil y empieza a comportarte como una señorita. Ya no tienes cinco años.
-No puedo, no quiero.
-¿Qué dices?
-No puedo comportarme como una señorita porque no lo soy.
Mi padre volvió a pegarme y acto seguido me arrastró hasta su coche, abrió la puerta y me empujó dentro.
No iba a volver a ser Cris. No soy Cris. Soy Lucas. Y nadie va a impedirlo.
Cuando llegamos a casa, bajé del coche y empecé a caminar hacia la puerta.
-Quiero que subas y te cambies inmediatamente ese pantalón por la falda del colegio. ¿Me oyes?
No me giré. Seguí caminando y cerré de un golpe tras de mí.
Subí a mi habitación, me cambié el uniforme por un chándal y me tiré en mi cama.
Al cabo de un rato, mi padre apareció por la puerta con unas tijeras en la mano.
-¿Qué te he dicho que hicieras?
Me levanté asustado y me quedé de pie, justo delante de él. Inmóvil.
El me apartó, dejando las tijeras encima de la cómoda y empezó a buscar los pantalones de la discordia. Cuando los encontró, los cogió y alargó la mano hacia las tijeras. Iba a destrozarlos. Instintivamente cogí las tijeras para intentar evitar que pudiese hacerse con ellas.
-Cristina, dame las tijeras.
-No.
-Cristina, es una orden, no una sugerencia.
-No te las voy a dar.
-Sí me las vas a dar.
Se echó encima de mí para intentar quitare las tijeras de las manos, pero antes de que fuese capaz de hacerlo, se las clavé en el estómago.
Fue un reflejo, un movimiento involuntario para defenderme, pero lo hice.
Observe cómo caía de rodillas mientras se llevaba las manos a la herida. La sangre salía a borbotones tiñendo de rojo toda su camisa y el suelo. Clavé mi mirada en sus ojos, en ellos solo encontré rabia e ira. No había tristeza, no había decepción, no había arrepentimiento.
Pero en los míos estoy seguro, que tampoco había nada de eso. Estoy seguro, de que solo había alivio, porque eso era lo único que invadía mi pecho en ese momento.
Alivio. Paz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Poema
Hola! Esta es la última entrada del curso y como despedida traigo un poema que tuvimos que hacer en clase. Años años de golpes secos ...
-
Hola! Hoy vamos a hablar sobre Akenatón y su "Himno al Sol". Además, compararemos este texto con el texto anterior, "Canto ...
-
Hola! En el día de hoy traigo una entrada más reflexiva. Cuales son para mi las principales causas de la guerra. esta entrada esta dedi...
-
Hola! Hoy vamos a hablar de una escritora de la edad media la cual está considerada como una de las más importantes de la historia. C...

